viernes 14 de mayo de 2010

Un canto a Lena Horne

Por Amy Goodman

Lena Horne murió esta semana a los 92 años. Además de haber sido una excelente cantante y actriz, fue por sobre todas las cosas una activista pionera de los derechos civiles, que logró romper las barreras raciales en beneficio de las generaciones de afroestadounidenses que la sucedieron. Luchó contra la segregación racial y el macartismo, fue incluida en la lista negra, y sin embargo persistió y logró fama y éxito mundial. Su abuela la inscribió como la miembro más joven de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) a los 14 meses de edad.

La suya es la historia del siglo 20, del lento camino hacia la igualdad racial, y de la perseverancia extraordinaria.

La carrera de Horne comenzó en el reconocido Cotton Club de Harlem, donde los afroestadounidenses actuaban exclusivamente para un público blanco. Formó parte de varias orquestas, entre ellas una de las primeras bandas multirraciales, y luego logró el primer contrato importante de largo plazo para un actor afroestadounidense con un reconocido estudio de cine de Hollywood, la Metro Goldwyng Mayer. Su contrato incluía cláusulas que establecían que no representaría el papel esteroetípico de la criada negra. Sin embargo nunca le dieron papeles de actuación principales, solamente escenas en las que cantaba como solista. “Me veía bien, estaba parada contra una pared y cantaba sin parar. Pero no tenía relación con los demás personajes”, le dijo al New York Times en 1957. “Mississippi no quería que yo estuviera en sus películas. Era un hecho aceptado que cualquier escena que hiciera sería eliminada cuando la película fuera exhibida en el Sur”. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial salió de gira con las Organizaciones del Servicio Unido (USO, por sus siglas en inglés), para entretener a los soldados. En el Campamento Joseph T. Robinson, en Arkansas, se enteró de que actuaría para un público exclusivamente blanco. Luego, realizó una actuación improvisada para los soldados afroestadounidenses y, una vez más, se ofuscó cuando se permitió a los prisioneros de guerra alemanes que estaban en la base ingresar al comedor militar. Insistió en que los expulsaran.

En una entrevista con Radio Pacifica en 1966, Horne recordó un momento decisivo de su vida ocurrido en Cincinnati. Estaba de gira con una banda, y en la noche de la pelea de boxeo entre Joe Louis y Max Schmeling, de la Alemania nazi, Horne, a quien no le interesaba el boxeo, se encontró a sí misma parada detrás del escenario junto a los otros miembros de la banda, esuchando la pelea por la radio y alentando a Louis: “Le estaban pegando duro y yo estaba llorando, gritando y mi madre, que estaba ahí, de pronto me preguntó ‘por qué estás llorando así’ y le dije, ‘Es mío y no quiero que le ganen. Es nuestro’. Creo que esa es la primera vez que recuerdo haberme identificado con otro negro de esa forma. Me estaba identificando con el símbolo que teníamos, de un hombre poderoso, una fortaleza inexpugnable. Y no me había dado cuenta de que sacamos fuerza de estos símbolos”.

Paul Robeson, el gran cantante y activista afroestadounidense, tuvo una gran influencia sobre Lena Horne. En la entrevista con Pacifica, Horne recordó: “Paul me enseñó a estar orgullosa de ser negra. Siempre había sentido este orgullo, este orgullo fuerte, casi estéril, porque mi abuela me había dicho: ‘Debes estar orgullosa’. Pero nunca me contó sobre el horror de su entorno. La gente no hablaba de eso. Y luego murió. Y yo me estaba involucrando cada vez más en esa trampa de clase media con negros que quizá tenían un trabajo, pero que tampoco hablaban de eso. Yo trabajaba ya cuando tenía dieciséis años y con Sissle, con organizaciones, pero nunca me dijeron las razones por las que tenía derecho a sentir ese orgullo. Paul fue el primero que se acercó y me dijo ‘Tu abuela era una mujer fuerte que me ahuyentaba de las calles de Harlem’. Y ella era así, y ella era asá. Y le dije ‘¿De verdad? Nadie me había dicho eso’. El respondió ‘¿Por qué? Era una maravillosa mujer negra, porque quería ayudar a su gente, y sentía que tenía el derecho de hacerlo. Y ella hizo que la expresión nobleza obliga, significara estar orgulloso de su gente’. Y le dije, ‘Pero nadie jamás lo había dicho’”. Y él se se sentó durante horas y me contó sobre el pueblo negro. Ya sabes, lo leí en algunos libros, pero nunca lo aprendí en la escuela; no lo enseñan en los libros de historia. No podía enterarme de nada salvo que realmente en ese entonces me hubiese mudado del Sur y hubiese estado con gente negra que estaba realmente aterrorizada, y no podía hacer nada al respecto. Y no me habló a mí como símbolo de una chica negra linda que cantaba en un club. Me habló sobre mi herencia. Y es por eso que siempre lo quise.”.

James Gavin escribió la biografía definitiva de Lena Horne titulada “Stormy Weather”.

Me dijo: “Lena Horne fue una mujer muy valiente y no se le da crédito por su activismo en la década de 1940, en una época en que muchos artistas negros que ella conocía simplemente aceptaban las condiciones del momento como eran dadas y temían alterar el orden de las cosas y perder su trabajo. Y Lena nunca dudó en decir lo que pensaba”.

Gavin describió la participación de Horne en la Marcha sobre Washington de 1963, donde tomó el micrófono y soltó la palabra “¡Libertad!”. También apareció junto al gran líder del movimiento por los derechos civiles Medgar Evers en una manifestación de la NAACP, apenas días antes de que fuera asesinado. Trabajó con Eleanor Roosevelt en la legislación contra el linchamiento, y apoyó al Comité de Coordinación Estudiantil de la No Violencia (SNCC, por sus siglas en inglés), y al Consejo Nacional de Mujeres Negras (dirigido por Dorothy Height, otra líder de los derechos civiles, que murió el mes pasado a los 98 años).

El biógrafo de Horne, Gavin, dice que ella se sentía angustiada porque pensaba que no había hecho lo suficiente. Pero la actriz Halle Berry discrepa con Horne. Cuando Berry se convirtió en la primera mujer afroestadounidense en ganar un Premio de la Academia a mejor actriz en 2001, muy emocionada mientras sostenía el Oscar en alto en su discurso de aceptación, dijo: “Este momento me excede. Este momento es para Dorothy Dandridge, Lena Horne, Diahann Carroll. …Y es para las mujeres de color anónimas, cuyas caras y nombres aún no conocemos, que ahora tienen una oportunidad porque esta noche se abrió una puerta”.

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2010 Amy Goodman

sábado 8 de mayo de 2010

British Petroleum: contaminador multimillonario

Por Amy Goodman

A menos de una semana de que la plataforma petrolera Deepwater Horizon de British Petroleum explotó en el Golfo de México, dejando un saldo de 11 trabajadores muertos y desatando lo que podría ser el peor desastre ambiental de la industria en la historia de Estados Unidos, la empresa anunció ganancias de más de 6 mil millones de dólares para el primer trimestre de 2010, más del doble de las ganancias obtenidas en el mismo período del año anterior. La analista de la industria petrolera Antonia Juhasz advirtió: “BP es una de las empresas más poderosas que operan en Estados Unidos. Sus ingresos de 327 mil millones de dólares en 2009 son suficientes para clasificar a BP como la tercera empresa más grande del país. Gasta mucho dinero en influir en la política de Estados Unidos y en la supervisión del cumplimiento de las normas”. El poder y la riqueza que detentan BP y otras gigantes petroleras no tienen prácticamente parangón en el mundo, y plantean una amenaza a las vidas de los trabajadores, al medio ambiente y a nuestras perspectivas de democracia.

Hace sesenta años, BP se llamaba Anglo-Iranian Oil Co. (AIOC, por sus siglas en inglés). Un gobierno iraní popular y progresista había pedido a la AIOC, un monopolio en su mayor parte de propiedad británica, que compartiera más de sus ganancias del petróleo iraní con el pueblo de Irán. La AIOC se negó, lo que provocó que Irán nacionalizara su industria petrolera. Esto no le cayó bien a Estados Unidos, por lo que la CIA organizó un golpe de Estado contra el Primer Ministro Mohammed Mossadegh. Luego de que fuera derrocado, la AIOC cambió su nombre a British Petroleum, recuperó gran parte de su monopolio y a los iraníes se les impuso la cruel dictadura del Shah de Irán, sembrando la semilla de la revolución iraní de 1979, la subsiguiente “crisis de los rehenes” y el conflicto político que atormenta a Irán hasta nuestros días.

En 2000, British Petroleum cambió su imagen y pasó a llamarse BP, adoptó un logo con flores verdes y amarillas y comenzó a asediar al público estadounidense con una campaña publicitaria que afirmaba que estaba avanzando “más allá del petróleo”. Sin embargo, el crecimiento agresivo de BP, sus enormes ganancias y su historial en materia de desastres vinculados con el petróleo pintan un panorama muy diferente. En 2005, la refinería de BP de la ciudad de Texas explotó, dejando un saldo de 15 muertos y 170 heridos. En 2006, un oleoducto de BP en Alaska derramó 200.000 galones de crudo, provocando lo que la Agencia de Protección Ambiental denomina “el mayor derrame ocurrido en North Slope, [Alaska]”. BP recibió una multa de 60 millones de dólares por ambos desastres. Luego, en 2009, la Administración de Seguridad y Salud Laboral (OSHA, por sus siglas en inglés) multó a BP por otros 87 millones de dólares por la explosión de la refinería. La Secretaria de Trabajo Hilda Solis dijo: “BP permitió que cientos de potenciales peligros continuaran sin ningún tipo de disminución…La seguridad laboral es más que una consigna. Es la ley”. BP respondió impugnando formalmente todas las acusaciones de la OSHA.

El Presidente Barack Obama dijo sobre el derrame de petróleo en el Golfo de México: “BP es responsable de este derrame; BP pagará la cuenta”. Riki Ott no está segua. Es toxicóloga marina y ex pescadora de Alaska, y fue una de las primeras personas en responder al desastre petrolero del Exxon Valdez en 1989. Exxon desplegó un ejército de abogados para demorar y revocar las demandas legales de la gente que resultó perjudicada física y/o financieramente por el derrame del Valdez. “La industria hace todo lo que puede para limitar su responsabilidad, BP va a pagar hasta donde la ley lo obliga. Estas grandes empresas ayudan a redactar nuestras leyes y ayudan a elegir a nuestros congresistas que aprueban esas leyes. Entonces, estamos como en un juego donde nos hacen trampa”, me dijo.

El periódico Press-Register, de Mobile, Alabama informó que el Fiscal General de Alabama, Tory King, le dijo a BP que “dejara de hacer circular acuerdos extrajudiciales entre la población costera de Alabama”. Aparentemente, BP le estaba pidiendo a los propietarios de botes pesqueros que buscaban trabajo en la mitigación del derrame que renunciaran al derecho de demandar a BP en el futuro. A pesar de la promesa del portavoz de BP de que las renuncias no serían utilizadas, el artículo afirmaba: “King dijo el domingo que aún le preocupaba que, al aceptar los acuerdos propuestos por BP de hasta 5.000 dólares, la gente perdiera su derecho a demandar”.

Incluso aunque BP no engañe a las víctimas para que renuncien al derecho a demandar, la Ley de Contaminación con Petróleo de 1990, si bien exige a los contaminadores que paguen los costos reales de limpieza, pone un tope de 75 millones de dólares a la responsabilidad financiera adicional de un derrame. Teniendo en cuenta que millones de personas sufrirán el impacto del derrame mediante la pérdida de pesca y turismo, y por la cadena de impactos en las industrias vinculadas, 75 millones es una mísera suma.

Por este motivo el Senador Robert Menéndez, demócrata de Nueva Jersey, presentó un proyecto de ley para elevar el tope de la responsabilidad económica por daños y perjuicios a 10 mil millones de dólares, y denominó al proyecto de ley “Ley de Prevención del Rescate de las Grandes Petroleras”. Riki Ott está de gira por Nueva Orleáns y la Costa del Golfo, educando a las personas acerca de los efectos tóxicos del derrame, y ayudándolas a prepararse para la larga batalla que tienen por delante para lograr que BP sea responsabilizada.

BP seguramente continuará con sus prácticas sucias y tratará de evitar ser responsabilizada a nivel judicial, en la prensa y en las playas manchadas de petróleo. BP: estate bien preparada.

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2010 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español

lunes 3 de mayo de 2010

Boicot al racismo en Arizona

Por Amy Goodman


Arizona fue el único territorio al oeste de Texas que se separó de la Unión y pasó a formar parte de la Confederación durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Un siglo más tarde, luchó por el reconocimiento del feriado nacional en honor a Martin Luther King Jr. Esta semana, la gobernadora republicana del estado, Jan Bewer, promulgó una ley anti-inmigrantes. El proyecto de ley 1070 del Senado de Arizona autoriza al estado y a la policía local y estatal a detener, interrogar y arrestar a cualquier persona que sospechen que no es residente legal del estado. La ley es una invitación a la discriminación racial abierta y a la detención arbitraria.

La ley aparentemente establece la “aplicación cooperativa de las leyes federales de inmigración en todo el estado de Arizona”, y dispone que “un oficial del orden público puede arrestar a una persona sin orden judicial, si el funcionario tiene causa probable para creer que la persona cometió una falta pública que la haga pasible de ser expulsada de Estados Unidos”.

Por consiguiente, si un oficial de policía sospecha que una persona latina es inmigrante indocumentado, él o ella pueden detener a esa persona. Uno de los blancos a los que apunta esta ley son los trabajadores jornaleros. Es ilegal aceptar (o realizar) una oferta de trabajo en algunos establecimientos al borde de la carretera, e incluso la ley prevé que la “comunicación mediante un gesto o asentir con la cabeza” para aceptar una oferta de trabajo, es una ofensa pasible de arresto. La ley S.B. 1070 va más allá y facilita la denuncia anónima de comercios de los que se sospeche que tienen empleados indocumentados.

El Presidente Barack Obama denunció el proyecto de ley y afirmó: “Si no actuamos en forma responsable a nivel federal, dejaremos lugar a la irresponsabilidad de otros, y eso incluye, por ejemplo, los recientes esfuerzos en Arizona, que amenazan con socavar las nociones básicas de justicia y equidad que valoramos como estadounidenses, además de la confianza entre la policía y la comunidad que es tan importante para vivir en una sociedad segura. De hecho, ordené a los miembros de mi gobierno que sigan de cerca la situación y examinen las repercusiones que esta legislación pueda tener en los derechos civiles, así como también cualquier otro tipo de implicancias que pueda tener”.

Hay una fuerte reacción en contra de este proyecto de ley en Arizona y en todo el país. El congresista Raul Grijalva, demócrata de Tucson, Arizona, y co-presidente del Comité Progresista del Congreso, está al frente de la oposición a la polémica ley. Me dijo: “Es una licencia para la discriminación racial. Genera una condición de segunda clase principalmente para los latinos y las personas de color en el estado de Arizona…Arizona ha sido el laboratorio para este tipo de iniciativas racistas severas”.

Grupos legales están preparando impugnaciones a la ley. Sunita Patel es abogada del Centro por los Derechos Constitucionales. Según Patel, la ley “Permite a los organismos locales del orden público acceder no solo a las bases de datos del FBI, cosa que tradicionalmente han hecho, sino que también les permite sincronizarlas con las bases de datos de inmigración, que tienen fama de no ser confiables debido a los errores en el ingreso de los datos, debido a que tienen información incorrecta sobre la situación de ciudadanía de muchas personas…Y la ley está poninedo en marcha esta amplia red”.

Grijalva le está pidiendo al gobierno federal que se niegue a cooperar con Arizona. “Las cuestiones de inmigración son juridicción de la ley federal y si le pedimos al presidente que no coopere con la implementación de esta ley de Arizona mediante la Oficina de Seguridad Nacional, mediante la Patrulla Fronteriza, dando la orden de no detener y tomando una postura de no cooperación del gobierno federal de Estados Unidos y los organismos federales, le restaría sentido a gran parte de esta legislación y la volvería ineficaz”, dijo.

También pide que la gente boicotee a su propio estado: “Apoyo algunas sanciones económicas específicas dirigidas al estado de Arizona. Le pediremos a las organizaciones nacionales, a las organizaciones de la sociedad civil, religiosas y políticas que no realicen conferencias ni convenciones en el estado de Arizona. Que esta acción, esta legislación tiene que tener una consecuencia económica. Y las buenas organizaciones de todo el país, las organizaciones decentes que están de acuerdo con nosotros en que este proyecto de ley es abiertamente racista, que es inconstitucional y severo, que es injusto, deberían evitar realizar actividades económicas en este estado”.

La Asociación de Abogados de Inmigración Estadounidenses (AILA, por sus siglas en inglés) decidió trasladar su conferencia anual de 2010 de Arizona a otro estado. El miembro del Concejo Municipal de San Francisco, David Campos, dijo que Arizona “de un momento a otro retrocedió en el tiempo una generación en materia de conquistas de derechos civiles”. Campos está seguro de que su resolución, que pide a la ciudad que boicotee a Arizona, será aprobada. Se está considerando realizar boicots similares en Oakland, California, y El Paso, Texas. El periodista deportivo David Zirin apoya un boicot a los Diamondbacks, el mayor equipo de la liga de béisbol de Arizona.

Alrededor del 30 por ciento de la población de Arizona se autodefine como hispana. Fue un boicot el que finalmente obligó al estado a reconocer el Día de Martin Luther King Jr. Es lamentable que nuevamente se deba recurrir a tácticas similares.

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2010 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español.

sábado 1 de mayo de 2010

TERROR Y ENCIERRO

Por Pietro Ameglio

Una ciudad de casi un millón de habitantes, sobre todo en fin de semana, en el corazón de México, sin prácticamente nadie en la calle desde la tardecita. ¿Un cráter lunar? ¿un pueblo fantasma? No, Cuernavaca el viernes 16 de abril desde la tardecita, y días después. Anteriormente lo habían sido –o lo siguen siendo- en forma similar el DF por la influenza, varias ciudades del norte y pueblos indígenas ya los son a diario desde hace meses o años. ¿Estamos normalizando en México este paisaje cotidiano? ¿Son re-creaciones de “1984” de Orwell, de “Farenheit 451” de Bradbury, de otras zonas de guerra? ¿Cómo se está construyendo esta apocalipsis urbana o rural? Intentemos, preguntarnos sólo sobre uno de estos ángulos que es el que da título al artículo, para intentar aumentar nuestra toma de conciencia acerca de este proceso.

Pareciera que la profecía gubernamental y de la clase política se está cumpliendo: “Todos somos Juárez”. La sociedad civil, en su mayoría, estamos padeciendo la realidad sin poder decir un “Ya basta”, miramos pasmados, indefensos y aterrados la construcción de este proceso social que nos corta transversalmente, al grado de ni siquiera poder proponer un lema alternativo: “Nadie quiere ser Juárez”. Este proceso creciente de control de la población y el territorio no cesa: influenza, cédula de identidad, Renaut y ahora correos electrónicos. La espiral de violencia en que nos han instalado cuenta con un mecanismo motor, que todos alimentamos continuamente, intencional o ingenuamente: la ‘siembra de la inseguridad ciudadana’. Corremos incluso el riesgo de asumir algún rol de complicidad o de silencio que ayuda a que el proceso avance: “una minoría puede tener mucho más poder que su número si la mayoría sólo la ‘observa’ sin intervenir en sus acciones, violentas por ejemplo…(se vuelve un) aliado latente” (Hannah Arendt). La misma autora nos advierte también acerca de cómo “la violencia es el último recurso para mantener intacta la autoridad (y el poder)…(pero) donde las órdenes ya no son obedecidas los medios de violencia ya no tienen ninguna utilidad”, principio muy gandhiano por cierto. Y agrega algo importante, frente a recientes planteamientos oficiales acerca de que esta situación mexicana puede durar al menos diez años: “la violencia puede justificarse pero no ser legítima. La justificación se debilita cuanto más en el futuro se pone el fin”.

De inicio, nos parece central avanzar en una hipótesis: en México actualmente estamos pasando -en el mejor de los casos- de una situación social generalizada de miedo a una de terror. Resulta importante empezar a diferenciar estas dos etapas con claridad, para contribuir, desde nuestras posibilidades, a poder detener este proceso. Señalaban las psicólogas argentinas Silvia Bleichmar y Gillou García, especialistas del tema, cómo el miedo (posterior a la angustia y el susto), es un intento del individuo por “organizar las defensas” ante una nueva situación en aras de la autoconservación, es una situación positiva que, aunque cuesta seguido reconocer su existencia, sin embargo ayuda a prolongar la propia identidad. En cambio, el gran riesgo es no evitar que este miedo pase a la etapa siguiente: el terror, una emoción donde sí se deja de pensar, el individuo se paraliza en su reflexión y culpabiliza. Allí las defensas, por el contrario, se desmantelan, y lejos de co-operar con otros individuos se cae en la lógica de que cada uno pude ser nuestro enemigo potencial, desaparece la discusión objetiva. Las experiencias no se historizan y hacen pasadas, quedan como futuro potencial permanente, se instala una continua espada de Damocles sobre la cabeza: “lo que ocurre es idéntico a lo que ocurrió en otro lado”, desaparece el análisis y la coyuntura, lo sincrónico se subsume a lo diacrónico. Para sobrevivir el individuo deja, a veces, de “ser quien es”, con serias consecuencias morales e identitarias futuras, se pueden llegar a sacrificar la vida representacional y los valores en aras de preservar la vida biológica. Podemos así reclamar la pena de muerte, la militarización de la vida civil, la presencia de escuadrones armados, la justificación de la tortura, el espionaje y la delación, cambios de marcos legales de los derechos humanos y garantías individuales, todas grandes conquistas -que muchísimo han costado sobre todo en vidas- del proceso de humanización de nuestra especie, con tal de ‘sentirnos seguros’ y ‘tener paz’.

Por otro lado, algo extremadamente peligroso de este proceso es el ‘encierro’ que se está construyendo socialmente, sea en lo físico que en lo reflexivo; no olvidemos que la primer arma de un individuo es la reflexión. No podemos pensar solos y la actual atomización social es el ingrediente básico para la propagación del terror: “Todo tipo de oposición organizada ha de desaparecer antes de que pueda desencadenarse con toda su fuerza el terror” (H. Arendt). Este encierro nos ha llevado, entre muchas cosas, a perder algo que tanto ha costado a la especie humana tener: la calle, un espacio público de encuentro, reflexión colectiva, libertad de expresión, organización entre personas y clases sociales diferentes, juego y diversión. En México cunde hoy día la frase “Ya no puedo salir de mi casa”, a la vez que crece brutalmente la criminalización de los actores sociales y trabajadores de la calle, así como la represión a las movilizaciones sociales. La paradoja ahora es que la propia autoridad promueve el salir a la calle, a la vez que asocia este proceso morelense con Juárez, habla de usar la “fuerza del estado” e inunda la calle de fuerza armada y retenes. Salir así a la calle sólo abona a sembrar más terror, así como provocar a la población diciéndonos que “sólo corren peligro quienes tienen miedo” (Gómez Mont), quitándonos una defensa fundamental en estos momentos: el tener miedo, elemento positivo como hemos señalado.

En lo más inmediato, ¿cómo se construyó este ‘desierto urbano’? En el periodo más reciente, hubo unas semanas de siembra aterrorizante de cadáveres fruto de “enfrentamiento territoriales entre bandas del delito”. Luego, dos mensajes electrónicos anónimos, donde incluso se citan sofisticadas categorías políticas como “toque de queda”, mismo que se vivió masivamente como real sin serlo. Se instala así una ‘orden’ de arriba: enciérrense en sus casas. El proceso de disciplinamiento ciudadano actúa: todos a obedecer ciegamente a la autoridad, sin distinción de clase o identidad social. Diría Piaget: “desaparece el Yo, nos fusionamos con el mundo exterior (autoridad del orden social) y asumimos los mandatos como trascendentes…sagrados”. Se nos impone un “deber ser” por la presión social (construida desde los medios y la autoridad, no desde la reflexión colectiva y el consenso).

Se reproduce la siembra del terror: las llamadas redes sociales –tan valiosas y necesarias- se convirtieron en ciertos momentos en redes de propagación del aterrorizamiento ciudadano al difundir sin reflexión o propuesta organizativa el correo anónimo o ‘buenos consejos’, todos monitoreándose por celular, autoridades presionando para que la gente y comerciantes se encerraran. ¿Y la reflexión y el consenso social? ¿quién habrá escrito el correo electrónico? ¿por qué? ¿a quién beneficia la población aterrada y encerrada, y la calle desierta? ¿por qué existió tamaña ausencia de la máxima autoridad política estatal y municipal, por qué no dieron un ejemplo cívico saliendo ambas cabezas a supervisar los operativos, durante esa noche, y a caminar por las calles?

Estamos entonces necesitando, como sociedad civil, generar espacios que rompan el encierro, lo que no significa de ninguna manera que ahora se salga ingenua e irresponsablemente; el dilema no es si salir o no a la calle, sino como reflexionar sobre lo que está sucediendo y pensar juntos qué hacer. Necesitamos imperiosamente ‘pensar colectivamente en voz alta’ (¡qué falta hacen los pocos programas ciudadanos censurados recientemente en la radio y tv del Congreso!) desde la aceptación del miedo, construir un principio de realidad más claro de lo qué está pasando con análisis objetivo y no sólo mediático, organizarnos y construir acciones donde recuperemos nuestra identidad social, los espacios públicos y la paz con justicia. Piaget planteaba con claridad el dilema epistémico-moral en que está la sociedad civil mexicana actualmente: “La gran diferencia entre la obligación y la cooperación, o entre el respeto unilateral y el respeto mutuo, es que la primera impone creencias o reglas terminadas, que hay que adoptar en bloque, y la segunda sólo propone un método, método de control recíproco y de verificación en el terreno intelectual, de discusión y justificación en el terreno moral”.

Así, a partir de re-construir una autonomía y co-operación (individual y colectiva), tendremos que construir una reflexión y pautas a seguir para no paralizarnos, reconstruir los vínculos sociales rotos, retomar la calle, humanizar a todos los actores del conflicto sin satanizarlos, presionar a las autoridades a que consensen con la sociedad y den sobre todo un enfoque social y no sólo armado a los actuales problemas, que se respeten los derechos humanos, convocar a parte de la reserva moral de nuestra sociedad (rectores, intelectuales, líderes religiosos, campesinos, indígenas, obreros…) que no se ha manifestado con la suficiente claridad y fuerza ante tamaña inhumanidad, a movilizarse públicamente y proponer soluciones humanizantes junto a la sociedad civil.

La Jornada-Morelos, 28 Abril 2010