Introducción. Nunca más una América sin nosotrosLa crisis económica por la que atraviesa América Latina, ha repercutido fuertemente en su postura ideológica; la sociedad latinoamericana ha manifestado su inconformidad por las orientaciones neoliberales agrupándose en torno de partidos políticos y movimientos sociales, en espera de un régimen distinto.
Los gobiernos de Izquierda en América Latina están dándole un revés a las páginas de la historia económica monetaria; la gente a través del sufragio, se ha manifestado en contra de las políticas de libre mercado depredadoras. Originado en la enorme desigualdad social y económica, América Latina, poco a poco se está volteando hacia un nuevo y emergente pacto social, más equitativo y menos rapaz.
La incapacidad de los gobiernos para enfrentar las crisis del capitalismo extremo (neoliberalismo), ha dado paliativos que han traído consecuencias más negativas que positivas en el grueso de la sociedad. Las absurdas recomendaciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que profundizan más la miseria de los pueblos, parecen estar a punto de reventar.
Algunos de los autores, se manifiestan por una crisis también del Estado a raíz de la dependencia monetaria. Przeworski, en Estado y Política en América Latina, nos pone de frente la posición marxista con relación a la democracia capitalista, pues el sufragio universal, según Marx, se contrapone con la propiedad privada; de manera que la democracia capitalista no puede reconciliarse sobre sí misma, pues parte de una contradicción.
Empero, creo es necesario hacer una diferencia entre crisis democrática y crisis del Estado, pues no son iguales, decimos crisis del estado, cuando en realidad nos estamos refiriendo a la crisis democrática; sin embargo, la crisis democrática tiene su origen en que no existe como tal, Cierto es, que actualmente los gobiernos de izquierda usaron sus instituciones electorales para arribar al poder; sin embargo, por un lado, son producto de muchos movimientos sociales en el interior de sus naciones y por otro lado, estos gobiernos, constantemente están amenazados por agentes golpistas. En México, por ejemplo, la llegada de Calderón a la presidencia, ocurrió por un moderno golpe de Estado, sin violencia, pero no menos discreto.
El capitalismo extremo se manifiesta sin pudor contra la democracia y el estado intentando subsistir entre su autodestrucción y la resistencia social y política.
En este escenario los actores políticos se debaten entre sí; en la derecha con la complicidad de las voraces camarillas empresariales trasnacionales y algunos medios electrónicos y en las izquierdas con el apoyo de los figurantes sociales cada vez más cerca de los procesos políticos y de los protagonistas.
Son estos, los figurantes, quienes exigen ahora un nuevo pacto social, una revisión a sus derechos civiles y la inclusión real de todas las minorías sociales a los beneficios del Estado. La olvidada comparsa exige una nueva independencia nacional, la cual deberá plantearse dentro de lo económico, lo civil y lo social. Exige como en el caso del pueblo mexicano: “Nunca más un México sin nosotros”
[i]De Protagonistas, Antagonistas y comparsas6 de diciembre de 1998 Hugo Rafael Chávez, es elegido presidente de Venezuela con el 56.2% de los sufragios. Se inicia así, desde el poder una abierta cruzada en contra del imperialismo norteamericano.
La sociedad Venezolana, francamente enfadada por los abusos cometidos contra ella y el empobrecimiento de su gente, le otorga, al nuevo Presidente Chávez, el apoyo social que a la fecha lo ha fortalecido y que le permitió evitar el golpe en 2002 contra su gobierno.
Respaldaron también los venezolanos con su voto, la propuesta de realizar un proceso constituyente que finaliza con la elaboración de una nueva Carta Magna, una nueva república y por consiguiente un nuevo pacto social.
Esta Constitución representa abiertamente la base de una nueva y verdadera democracia, y asienta un gran avance en lo político y en lo social en el mundo. ¿Por qué? Por que en esta nueva constitución se habla de un nuevo poder representado por un, hasta ahora, desconocido actor político que participará explícitamente en la construcción del nuevo país: el ciudadano.
“Artículo 204. La iniciativa de las leyes corresponde:
· Al Poder Ejecutivo Nacional.
· A la Comisión Delegada y a las Comisiones Permanentes.
· A los y las integrantes de la Asamblea Nacional, en número no menor de tres.
· Al Tribunal Supremo de Justicia, cuando se trate de leyes relativas a la organización y procedimientos judiciales.
· Al Poder Ciudadano, cuando se trate de leyes relativas a los órganos que lo integran.
· Al Poder Electoral, cuando se trate de leyes relativas a la materia electoral.
· A los electores y electoras en un número no menor del cero coma uno por ciento de los inscritos e inscritas en el registro electoral permanente.
· Al Consejo Legislativo estadal, cuando se trate de leyes relativas a los Estados.”
[ii]La inclusión del ciudadano explicita en la constitución venezolana, trae dos consecuencias positivas que diferencian su postura de la del ciudadano común en cualquier país neoliberal. La primera es la inclusión del individuo como eje de la nación. El ciudadano es responsable de su país que le pertenece y que comparte con otros ciudadanos. La segunda, casi implícita en la primera, es que sus intereses personales ya no van a prevalecer sobre los intereses colectivos, pues los intereses colectivos serán sus intereses personales.
Al igual que en Venezuela, Bolivia, se permitió tener un gobierno de izquierda. El presidente Boliviano Evo Morales, ha planteado la necesidad de la democratización a partir de la revolución cultural en la que se incluyan entre otros los derechos indígenas.
“Estoy convencido de que los pueblos indígenas son la reserva moral de la humanidad. Entre los pueblos indígenas no existe la mentalidad de ser individualista, personalista o egoísta y por ende no hay una actitud de tratar de adueñarse de los recursos y controlarlos en beneficio propio.”
[iii]También Morales, convocó una Asamblea Constituyente, para reformar la Constitución Boliviana, pues, dice, Bolivia se fundó en 1825, participando de ella sólo los mestizos o criollos; pero quienes lucharon por la independencia era poco más del 90% de la población; es decir, indígenas.
“el éxito de la Asamblea Constituyente (…) es la mejor forma de lograr unidad, igualdad y justicia en mi país.”
[iv]Sin embargo, pese a que constituye un progreso para la sociedad Boliviana, la oposición reaccionaria se resiste a beneficiar a su país. Usando estrategias de difamación y amarillismo, la disidencia se niega a participar y obstaculiza un proceso que puede ser emblemático en la Historia.
Por último quiero analizar el proceso político que al que se enfrenta México, integrado por distintos actores, tanto sociales como políticos, hay dos que son de vital importancia.
El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, en 1994, hizo que todo México volteara la vista hacia Chiapas y hacia los pueblos indígenas. Inicia sus movilizaciones de manera simbólica el 1 de enero de 1994, pues ese día entraba en vigor el neoliberal Tratado de Libre Comercio. Su principal demanda, similar a la de Evo Morales, era incluir en el Estado de Derecho el respeto a la autonomía de las minorías indígenas que componen una gran parte de la población mexicana.
Su posición respecto del poder es transformar desde abajo, sin ocupar puestos del Estado.
El otro movimiento también incluyente surge el 16 de septiembre de 2006, en la Convención Nacional Democrática, conformada como resistencia al moderno golpe de estado perpetuado en el fraude electoral del 2 de julio de este mismo año. La CND determina desconocer el gobierno de facto de Felipe Calderón y nombrar a Andrés Manuel López Obrador, presidente legítimo de México el 20 de noviembre de 2006. Durante las asambleas previas a la CND, López Obrador, propone “mandar al diablo las instituciones” y convocar a un Congreso Constituyente y construir la IV república. Además en el marco del Gobierno Legítimo propone que sea el pueblo participe de las acciones emprendidas:
“Quiero compartir con ustedes una reflexión que he venido expresando: de poco serviría tener gobierno, presidente, gabinete y programa, si no se cuenta con el apoyo del pueblo. Un gobierno divorciado de la sociedad no es más que una fachada, un cascarón, un aparato burocrático. Por eso propongo que el gobierno legítimo sea el pueblo organizado. La democracia implica la participación ciudadana en los asuntos públicos. La democracia es el poder del pueblo, para el pueblo y con el pueblo.”
[v]Conclusión
De manera distinta estas cuatro posiciones políticas y sociales demandan la inclusión de un nuevo actor político: El ciudadano. Mientras los Estados vean a la ciudadanía alejada de los procesos de cambio y ésta se vea a si misma lejana, no habrá una nueva realidad social. De fondo la política neoliberal promueve el divorcio del Estado sobre sus ciudadanos; esa ha sido su mejor arma, promover el individualismo y rechazar las diferencias.
Un nuevo pacto social no debe cuestionarse única y exclusivamente el rigor de las leyes y sus aplicaciones, también debe ser incluyente. Mientras nos preocupamos por la formulación de leyes, dejamos fuera de ellas a las minorías. La propuesta ahora, será plantearnos y preguntarnos ¿Quiénes, en esta nueva Democracia, serán los ciudadanos?
México D. F., 17 de octubre de 2007